Guadalajara experimenta un proceso de gentrificación con carácter distinto en que, durante años, esfuerzos invasivos del gobierno y los inversionistas de propiedad han intentado preparar el centro por la llegada de clases ricas.
Pero una investigación de los perfiles de negocio revela los límites de estas intervenciones en cambiar el centro todavía no logran todavía cambiar la zona como los quieren, frente la persistente segregación de clases socioeconómicas en la zona metropolitana.
¿Le resulta? Gentrificación sin gente.
“Yo nací aquí en la esquina,” dice Héctor, sentado en una silla plegable a poca distancia de la entrada de su casa, puerta que deja abierta hacia la calle.
“Nací en el año de 1947,” continúa, mientras que detrás de él, del otro lado de la calle, yace la casa grande en la que nació, “Guadalajara, siempre por setenta y ocho años.”
Sus vecinos aquí en la colonia El Retiro lo conocen desde hace décadas. Pasan con frecuencia por saludarlo y cuando tienen tiempo se sientan junto a él a escuchar sus historias que fluyen con una facilidad natural y que oscilan entre la política, la familia, la historia y aún más.
A veces, al caminar por las colonias céntricas de Guadalajara y al hablar con la gente que las habitan —muchos al igual que Héctor han pasado todas sus vidas aquí— es fácil olvidar que son los barrios más destacados dentro de la conversación sobre la gentrificación en Guadalajara.
Pero luego, giras por una esquina y ves nuevamente las torres recién construidas en los alrededores del Parque Morelos y entiendes definitivamente por qué esta es una zona emblemática de la tensión inherente al tema de la vivienda en la ciudad.
Esta es la contradicción palpable entre los nuevos proyectos invasivos de bienes raíces que venden y rentan a precios inaccesibles al por mayor y las poblaciones que han permanecido muchos años en la misma zona, las casas abandonadas, la pobreza visible, y los negocios tradicionales que han pasado entre generaciones de la misma familia.
Estas las huellas del proceso distinto de gentrificación en Guadalajara; o más bien, de los esfuerzos del gobierno y de los intereses privados provocando el proceso de gentrificación en la zona centro.
Ahora, en el centro, sucede una situación así, en la cual la zona sufre de rentas caras, desplazamiento, y limpieza social —todos temas asociados con la gentrificación— pero la historia que cuenta estes hechos y el aumento descontrolado de las rentas en el centro histórico de Guadalajara no es la misma que la que cuenta caminar por sus calles.
Ni, según esta investigación de cambio sociocultural en el centro, implica que la zona está transformando por acomodar una nueva comunidad con mayores recursos socioeconómicos.
“Ahora se le denomina gentrificación casi a cualquier cosa,” dice Fernando Cornejo Hernández profesor de ITESO. “Y entonces, cuando eso pasa, los conceptos dejan de tener este poder interpretativo que tenían anteriormente.”
El concepto fue acuñado en 196 por la académica Alemana-Británica Ruth Glass en 1964, preocupada por los procesos de desplazamiento que notó en la ciudad.
“De uno en uno, muchos de los barrios populares de Londres han sido invadidos por las clases medias —bajas y altas—”, escribió la académica. A este proceso le llamó gentrificación. Y la gentrificación, sostuvo, “avanza rápidamente hasta que todos o la mayoría de los ocupantes originales de clase trabajadora son desplazados y todo el carácter social del distrito cambia”.
Esta es la definición fundamental, originaria, de “gentrificación,” una clase con mayor poder adquisitivo sustituye y desplaza a una clase con menor poder adquisitivo. Y el barrio cambia a su imagen para cumplir sus deseos. En Guadalajara no vemos un proceso así.
Al utilizar los perfiles de negocios de las colonias de la ciudad como proxy por acercarnos al carácter sociocultural y socioeconómico los datos nos muestran que, a pesar de los proyectos por parte del gobierno con propósito transformar el centro y a pesar de la llegada de nuevos edificios monumentales, no vemos todavía ese cambio fundamental asociado con la gentrificación.
“Ahora se le denomina gentrificación casi a cualquier cosa, y entonces, cuando eso pasa, los conceptos dejan de tener este poder interpretativo que tenían anteriormente.”
Fernando Cornejo Hernández
Una comparación de los porcentajes de negocios por sector entre el promedio de toda la ciudad y el de cinco colonias identificadas como colonias de altos recursos socioeconómicos por el índice de marginación de CONAPO muestra que las colonias que se puede considerar de clases media o alta contienen un carácter distinto.
Estas colonias (Chapalita, Ladrón de Guevara, Providencia y La Americana) cuentan con un porcentaje muy bajo de sectores como comercio menor, mientras que contienen una representación mucho más grande de sectores como servicios financieros o servicios de salud.
Simultáneamente, contienen el doble de porcentaje en servicios culturales, deportivos y otros servicios recreativos que el promedio de toda la ciudad. La economía del ocio tiene presencia mucho más fuerte aquí que en el promedio de la ciudad.
“Lo que responde al consumo conspicuo, el consumo de lujo llevado al hogar, todo eso distingue cuál es mi identidad”, explica Monika Meireles, investigadora de la Unidad de Economía Fiscal y Financiera del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc-UNAM). Por extensión, la disponibilidad de negocios que ofrecen ciertos tipos de consumo contribuye a la cultura e identidad de un barrio y sus habitantes.
Mapeando la distancia de las colonias de Guadalajara al perfil de barrios con bajo nivel de marginación, vemos claramente que las colonias céntricas, centrales también a conversaciones de gentrificación, no conforman a los gustos de las clases con alta poder adquisitivo. Aun los negocios en el centro no reflejan o responden a las oportunidades o deseos que generan una comunidad con mayor poder adquisitivo tanto que las colonias del oeste.

De hecho, los datos comerciales muestran algo aún más sorprendente: las colonias del centro de la ciudad se están alejando cada vez más de este perfil.
Mexicaltzingo un barrio, invocado en conversaciones sobre la gentrificación por años, es emblematico. Allá varios sectores cuentan por un porcentaje de negocios en la colonia mucho más parecido al promedio de la ciudad que las colonias más ricas: cuenta con 34% de commercio al por el menor en comparison a 40% en todo la ciudad y 18% en el promedio de barrios ricos o servicios financiers y de saguaros a 2.7% contra 1.7% en toda la ciudad y 6% en las colonias con más recursos, por ejemplo.
“Hay muchos viejitos, incluso hay gente como con un perfil muy específico, que es gente que tiene una casa propia, pero es lo único que tienen,” confirma artista Surte Ramos de su barrio, Mexicaltzingo, “no es una zona, digamos, de gente como de un perfil o un nivel adquisitivo medio o elevado.”
Así todavía Mexicaltzingo no es un barrio que cumple con los gustos, requisitos y aspiraciones de gente con alta poder adquisitivo tanto que las colonias del oeste de la ciudad – sobre todo, ellas pegadas a colonias establecidas de clase media o alta. Por ejemplo, vemos en Ayuntamiento, una colonia que muchos imaginan parte de Santa Teresita cerca de Providencia y Ladrón de Guevara, una dinámica distinta en que, si, su perfil está acercando al perfil de colonias con altas recursos.
“Tengo muchos bancos, centros comerciales y más áreas verdes para mis hijos”, explica Irma, una mamá joven, de porqué se mudó al oeste de la ciudad desde San Andrés donde creció.
Para ella, el oeste de la ciudad significa una vida mejor para sus hijos y permite un estilo de vida que prefiere. Y es una oferta distinta a la de su colonia familiar en el oriente de la ciudad.
Su lógica se refleja en los datos, que muestran claramente las diferencias en la oferta de negocios en distintas partes de la ciudad. El oriente cuenta con muchas más tiendas de abarrotes y tortillerías, por ejemplo, mientras que el poniente contiene una concentración de servicios médicos e inmobiliarios.




En el centro y más hacia el oriente de la ciudad, pasando la calzada de independencia, los tipos y las proporciones de empresas siguen siendo más tradicionales – es decir más talleres de reparación, tiendas de abarrotes, y tortillerías que facilitan un estilo de vida no tan impactada todavía por la llegada de comercio en malls o una economía de servicios.
En Guadalajara, las huellas de gentrificación como las rentas altas en el centro no corresponden al cambio sociocultural ni a una transformación del barrio para satisfacer los hábitos de estilo de vida y consumo de una población más rica.
“Desde años”, explica Luís Ángel Flores Hernández, urbanista de ONU-Hábitat, “el gobierno se está enfocando en proyectos para eliminar las manifestaciones visibles de la pobreza urbana, no la pobreza ni sus causas”.
Más bien, “puede hacer muy poco para enfrentar la creciente desigualdad que reina en el país”, pero sí puede intentar preparar un barrio para que llegue una comunidad con mayor poder adquisitivo y recursos socioeconómicos.
Es una estrategia que ya lleva tiempo.
En 2015, el gobierno expulsó a los vendedores ambulantes de las calles para “regularizar” la economía informal. Esto es solo un ejemplo del intento de blanquear el centro de la ciudad y hacerlo más atractivo para quienes tienen recursos y pueden elegir dónde vivir.
En 2018, surgió por primera vez el “programa de redensificación y repoblamiento del municipio de Guadalajara” del gobierno cuya intención era revertir la tendencia de disminución de la población en el centro de la ciudad.
Muchos miran estas intervenciones con sospecha.
“Es decir,” explica Surte “se busca “primero despoblar.” Despoblar específicamente las comunidades que ya viven allí que no son deseables cohabitantes por el centro por diferencias económicas y socioculturales.
Lo que han cumplido estos planes es ayudar a los inmobiliarios a construir nuevos edificios.
Ya llegaron inversiones de organizaciones privadas. Hay ejemplos por la zona de grandes proyectos de vivienda vertical, como la Villa Morelos de VEQ, que ofrecen un espacio donde sus habitantes puedan mantener un estilo de vida que los mantenga separados de la comunidad que los rodea. Ellos pueden acceder directamente, anuncian los inmobiliarios, a sus estacionamientos subterráneos desde sus automóviles y subir a sus cuartos elevados, seguros en el conocimiento de que ellos, junto con las guarderías de sus hijos, son protegidos de los elementos externos por una red de seguridad activa veinticuatro siete.
“De los edificios enfrente,” nota Blanca, trabajando en una cantina bajo la sombra de una de las nuevas torres, “hay solamente como tres familias.” Y menos todavía que salen para unirse en la cantina en la noche con los viejos habitantes del barrio.
A pocas cuadras, nuevos espectaculares informan a la gente que va de paso sobre un nuevo proyecto: la construcción de departamentos de lujo llamados Ángulo 159, hecho por TDP que se anuncia por las redes con sugerencias de éxito invertir en el proyecto y establecer un Airbnb.’
Aunque aún no se construye, se anuncia en redes sociales a compradores potenciales no como vivienda, sino como inversión en el centro de la ciudad, señalando posibles inquilinos (médicos, estudiantes, “inquilinos deseables”) e incluso la possibilidad de rentas corta estancia a las turistas. No son, claramente, anuncios dirigidos a propietarios-habitantes.
Aunque aún no se construye, se anuncia en redes sociales a compradores potenciales no como vivienda, sino como inversión en el centro de la ciudad, señalando posibles inquilinos (médicos, estudiantes, “inquilinos deseables”) e incluso sugerencias de éxito como Airbnb. No son anuncios dirigidos a propietarios-habitantes.
Y junto con el proyecto de Ciudad Creativa Digital que trata de transformar la zona para incentivar negocios de la economía digital, incluso empresas extranjeras de arte y tecnología, establecer una presencia en la ciudad.
Estos modelos han sido fuerzas desestabilizantes para las economías de otras ciudades donde se han priorizado a las grandes empresas digitales. Tal como son Austin, San Francisco, Dublín, donde el costo de la vivienda en las zonas centro ha sido elevado al punto que solo pueda ser costeable para las personas que trabajan para estos sectores.
La Ciudad Creativa se presenta con las ambiciones positivas de “atraer a la mezcla adecuada de empresas, instituciones y gente creative” o de crear un “un proyecto sustentable, replicable y que transforme el futuro.” Pero con este proyecto, el gobierno ha señalado que existe un incentivo de mercado en el centro: se está convirtiendo en una oportunidad de inversión en la vivienda.
Y dentro de este contexto de financiarización de la vivienda —en que la vivienda se ha convertido en una oportunidad de inversión, un vehículo para acumular capital— nadie es inmune.
Los vecinos quienes tienen casa propia en la zona, muchos por herencia como Héctor o el oficio de Francisco, están un poco protegido contra la subida de las rentas que afectan a los inquilinos y su permanencia puede enfrentar todavía al proceso de cambio en su comunidad. Pero al mismo tiempo, los propietarios también ven que sus casas son también ahora recursos económicos: vender, poner en Airbnb o subdividir y rentar sus casas puede tener más sentido económico que quedarse en el centro.
Pero, aunque los precios de la vivienda están subiendo y que vemos y escuchamos nuevos construcciones, estes esfuerzos de impulsar desplazamiento y reemplazamiento de clases en el centro histórico, durante más una década, de atraer una comunidad de altas recursos socioeconómicos lucha contra las distinciones fuertes de la vida en ciertos lados de la ciudad – de la oferta de negocios, de espacios verdes, de la arquitectura – y la persistencia de clasismo penetrante que divide y segrega la ciudad.
Nuevos edificios, nuevos planes políticos, no han logrado contrarrestar a, por adoptar la terminología de Máximo Ernesto Jaramillo, profesor a ITESO y activista en temas de la vivienda “estigmas que terminan reproduciendo y reafirmando las diferencias que los separan.”
Todavía un fuerte classismo impacta al centro y oriente, que queda algo peligroso y violenta en el la imaginación del pueblo en los dos lados de la calzada mientras que los datos de delitos, por ejemplo, no confirman esta percepción.
Para ellos que pueden, mudarse al poniente sigue la aspiración, no importa si significa alejar más y más a los alrededores de la ciudad.
Todo esto ha creado una situación de la vivienda en el centro de Guadalajara que invierten el proceso de gentrificación según la definición de Ruth Glass: se prepara y convierte la zona para una nueva comunidad con edificios que cumplen con los deseos de una clase en particular, invitan a ciertos tipos de negocios deseables y desarrollan programas de limpieza social para preparar la zona por la llegada, en algún momento, de una comunidad de clase media.
Caminando por la zona de noche, se ven puertas abiertas al nivel de la calle, difuminando límites entre lo público y lo privado. Los sonidos cotidianos salen a la banqueta; viejas películas funcionan como banda sonora para conversaciones entre los habitantes y sus vecinos.
A pocos pasos, los nuevos edificios se alzan imponentes, altos e impenetrables, con seguridad privada vigilando las entradas. Pocas ventanas permanecen iluminadas.
“¿Están dispuestas las clases medias y altas a repoblar el corazón de la ciudad?”, preguntaron Horacio Espinosa y Fernando Cornejo Hernández en un estudio publicado en 2022.
Parece, todavía, que no.
Mapas
Explora Guadalajara y la red de negocios que hay por toda la ciudad a través de mapas interactivos.
Los datos
Medir la gentrificación a través de datos, las posibilidades y las complicaciones.
Diccionario
Índice de terminología de vivienda.
Acerca el Proyecto
Desarrollo y metodología de la investigación.
Gentrificación en Guadalajara: Santa Tere
La dinámica particular de la gentrificación en Santa Teresita.
Recopilación de datos alternativos
Contribuir a un enfoque alternativo para la recopilación de datos sobre precios de alquiler.
